Video Relato

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Juegos calientes antes de la boda

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Como tantas otras bodas, la mía se celebró en el pueblo de mi novia. Cogí unos días de vacaciones antes del evento, y acordé con mi chica, Ana, pasar una semanita en casa de sus padres hasta el día de la boda. Yo estaba entonces superenamorado, creía que era la mujer de mi vida y que seríamos siempre felices.

Han pasado ya 10 años, sigo enamorado y soy muy feliz a su lado. Tenemos 3 hijas maravillosas y un largo futuro juntos por delante. Sin embargo, durante esa semana previa a la boda ocurrió algo que pudo poner en peligro mi boda, mi matrimonio y mi felicidad futura.

Sábado por la tarde, era el segundo día que pasábamos en su casa, y esa noche teníamos pensado salir un rato a tomar unas copas y bailar. Nos apetecía mucho porque llevábamos todo el año saliendo los dos solos, y queríamos salir con más gente, aunque fuera con sus amigas y algún novio de ellas. Pero esa tarde a mi novia le vino el periodo. Hay mujeres que el primer día de regla se encuentran tan mal que no pueden hacer prácticamente nada, las mujeres a las que les pase algo parecido lo comprenderán. Mi novia era una de ellas, y pese a que tomaba de todo, sus molestias y dolores eran muy fuertes.

Cariño, me dijo, creo que no voy a poder salir esta noche. Me sabe mal, pero es que me duele mucho…

No te preocupes amor mío, ya saldremos otro día, le contesté yo, con una mirada tierna mientras le daba un beso suave. Ella estaba tumbada en el sofá, y yo permanecía de rodillas en el suelo, acariciándole el pelo como le gustaba.

Nooo, cariñoooo, ¡estabas deseando salir! Yo quiero que tú salgas, me dijo con cara de pena.

Pero peque, yo quiero quedarme a tu lado, ¿cómo voy a salir y dejarte aquí así? Además, me aburriría…, protesté.

Mira, esta noche saldrás con mis amigas. Son muy majas, y ya las conoces de la otra vez. Y lo guay es que al final salen solas porque sus chicos están en una despedida de soltero. Me alegro porque son un poco burros, siempre andan en broncas, me dijo contenta.

Me quedé pensativo, no quería dejarla así, además ¡hacía años que no salía sin ella!

Sal, sal, por favor, por favor, quiero que salgas y te diviertas por mí, me insistió.

¡Pero es que encima tus amigas me caen fatal!, le dije.

Venga, no digas eso, que ellas te aprecian mogollón, les caes genial, ya verás como te cuidan… Piénsalo, 4 chicas para ti sólo ehhh!, dijo bromeando.

Venga, vale, saldré a tomar una, pero en cuanto me aburran me vengo a tu lado.

Vale, amor, ahora le envío un mensaje a Patricia para que te esperen en su casa.

Además, sólo de pensar que me estás esperando en casa con la cama calentita ya me dan ganas de volver… dije, mientras frotaba mi nariz contra la suya.

Ay!, ¡pero qué tontito eres!, me dijo ella dándome un besito mientras me cogía la cara con ambas manos, como una madre.

Después de cenar me empecé a preparar para salir. Ana insistió en que me duchara y me afeitara, me arregló las cejas (con lo que me jode eso), me cortó las uñas, y me escogió la ropa que me pondría esa noche.

Joder, Ana, déjalo, ¡que ya sé ponerme los calzoncillos sólo!, protesté al verla agachada abriendo mis gallumbos e intentando que levantara un pierna

Ay, es que vas a estar más mono… quiero que te vean guapo, dijo, y me dio un beso en la mejilla. – Venga, pues vístete tú sólo, ala!, te espero en la sala. Y salió.

Tanta preparación me puso hasta nervioso. Me apetecía un carajo salir con 4 chicas, a cada cual más estúpida y superficial.

Bien, ahora sólo falta el maquillaje, dije irónico saliendo del servicio.

¡Qué tonto eres!, dijo Ana sonriente, - Y qué guapo estás amor… Me estoy arrepintiendo de dejarte salir con esas zorras…

Bueno, si quieres yo…

¡Que no tontorrón! ¡Que es broma!, dijo ella cachondeándose. - Sal y diviértete, continuó, mientras me rociaba con un perfume. - ¡Listo!

Después de ayudarle a meterse en cama, darle un gran beso y decirle que le quería mucho y que volvería pronto, salí de casa, me subí al coche, e introduje la dirección de Patricia en el GPS. Llegué a la casa, tenía la puerta abierta así que entré pues supuse que me estarían esperando (- ¿Hola???? dije, - Pasa, pasa, escuché que me decían desde una habitación). Al entrar, vi que yo era el último en llegar.

¡Holaaaaa!, gritaron encantadoras las 4 Gracias, poniéndose en pie

Hola, ¿qué tal?, dije yo nervioso.

Yo soy Patri, ¿te acuerdas de mí?, dijo una dándome dos besos.

Y así las cuatro: María, Victoria y Cristina. Me parecía que iban todas parecidas (- Será la moda, pensé). Las 4 vestían con minifalda, muy cortas (A Victoria, la más alta, le hacía el efecto falda-cinturón), sin medias, y con zapatos de tacón. Arriba, camisetas sin sujetador por debajo. Decir aquí, que si una mujer hiciera esta misma descripción, lo que para mí es ir todas iguales: faldita, tacones, camiseta…, seguro que desde un punto femenino las diferencias son abismales: una camiseta es así, la otra asá, una faldita es ceñida, la otra tiene vuelo, los zapatos no tienen nada que ver unos con otros… bla bla bla. Para mí iban todas iguales, y los hombres tenemos una palabra para definir esa manera de vestir: ir como putones.

Sírvele a Isma (- Sí, me llamo Ismael) una copa Patri, dijo María.

Sí, tienes que correr, que nosotras ya vamos por la segunda, dijo Victoria.

Estás muy guapo, dijo Cristina

Sí, es verdad, dijo María

Es la camisa, te queda genial, dijo Patri

Venga chicas, dejadle, el chaval es guapo y punto, dijo Victoria. Y todas rieron. Tuve un subidón de autoestima.

Empezamos a hablar de mi boda, mis planes con Ana, si quería niños, y un montón de cosas. Me sentía bien con ellas, me servían las copas, me preguntaban todo el tiempo si quería algo más, me trataban como un rey. No paraban de sonreírme y de reírse con mis tonterías y mis exageraciones sobre la planificación de la boda, el futuro etc.

Las copas seguían bajando. Yo seguí siendo el centro de la conversación, y todas se "peleaban" por hablar conmigo. Me sentía el único gallo del gallinero.

¿Y si dejamos de hablar y jugamos a algo?, gritó de repente Patri.

Tú siempre con tus juegos. Vayámonos a una disco y deja a Isma en paz con tus juegos chorras, le recriminó Victoria.

Bueno, yo estoy guay, por mí nos quedamos, les dije. Y era verdad, me lo estaba pasando genial hablando con ellas, estaba desinhibido y muy a gusto.

¿Ves imbécil?, le dijo Patri. Ya llevábamos unas cuantas copas...

MMMMMM, le gritó Victoria sacándole la lengua. - Pues a ver lista, ¿cómo jugamos?, continuó

Pensó unos segundos, cogió dos dados y dijo:

Tiraremos cada una los dados. La que saque la tirada más alta le ordenará a la de la tirada más baja que haga algo con Isma como parte de la prueba.

Mi cerebro tardó unos segundos en asimilar lo que había oído; no así mi polla que reclutó en un segundo la sangre suficiente como para construir una tremenda tienda de campaña en mi pantalón.

Me parece una chorrada, ni que fuéramos chiquillas, dijo Victoria criticando nuevamente a Patricia.

Puede estar bien, dijo Cristina mientras María asentía.

¿Qué dices chaval? ¿Te deja tu mamaíta jugar con cuatro chicas como nosotras???, me dijo Patricia en un tono que provocó la risa de todas.

¡Pues claro!, dije yo chulo y sin pensarlo… De hecho no me había acordado de mi preciosa Ana en toda la noche.

Pues venga, ¡tiro yo primera! ¡Un siete!, dijo Patri tomando la iniciativa. Victoria sacó un tres, María un cuatro y Cristina un nueve.

Ganaba Cristina y perdía Victoria.

Bien, bien, decía Cristina saboreando el poder. – ¡Quiero que le comas el cuello, como una perra en celo!, y todas rieron excepto Victoria.

¿Pero qué dices tía? ¡tengo novio!, y si Ana se entera me mata también, ¿estás loca o qué?, exclamó Victoria.

Ni Ana ni tu novio se van a enterar, ¿a que no chavalote?, me dijo Patri mirándome fijamente.

No, no, dije yo, tremendamente excitado. – Además, es un juego.

Eso, eso, tía, es un juego, confirmó María.

Está bien, pero mañana no jodáis con las bromitas, dijo Victoria poniéndose en pie.

Yo estaba sentado en el suelo con las chicas y al verla acercarse me puse como un burro, ya la tenía dura pero ver que este juego iba en serio me la puso aún más. Se acercó de lado, y se arrodilló, yo seguí mirando al frente sonriendo nerviosamente. Veía la cara de las otras tres, que no apartaban la mirada, profundamente excitadas con la boca semiabierta. Noté los labios de Victoria en mi cuello mientras vi a María silbando instintivamente, alucinando. Victoria empezó a darme besos suaves por mi cuello. Estuvo así un rato, hasta que noté su lengua, lo que me provocó la primera palpitación en mi polla. Brinqué, y Cristina lo notó:

Victoria, ¡le estás poniendo como una moto!, gritó

A Victoria le gustó escuchar aquello porque aumentó el ritmo de sus lamidas en mi cuello, y me sujetaba la cabeza con una mano para que no me moviera. (¡Qué gusto me daba la zorra!)

Ya vale, ya vale, decía Patri mientras apartaba a Victoria de mi cuello, y ella intentaba seguir chupando.

¿Qué tal?, dijo Cristina, - ¿te ha gustado el regalo que te mandé?

Uf, sí, ha estado MUUY bien, dije sin contenerme. La polla iba a reventar mi pantalón.

Nueva tirada. Ganó nuevamente Cristina y perdió María. Le ordenó que me morreara. Me dejé nuevamente. María me metió la lengua hasta la campanilla y me morreó con unas ganas que parecía que nunca lo hubiera hecho. No parecía una orden desde luego. Sabía por mi novia que María estaba casada y que estaba embarazada de 3 meses. Eso multiplicó por dos las sensaciones que me provocaba con su lengua.

Nueva tirada. Ganó María y perdió Patri.

¡Quiero que hagas que Isma te chupe las tetas! Le ordenó

Patricia se acercó a mí sin dilación, y se sentó encima de mí, notando toda mi tranca dura en su sexo. Yo noté sus braguitas empapadas.

Caray! ¿Qué tienes aquí?, dijo palpándome la polla- Joder tías, el cerdo está cachondo.

Dijo cerdo de una manera que me puso a mil. Ella se levantó la camiseta por delante, no llevaba sujetador como había imaginado, y acercó una teta a mi boca. No hacía falta que me empujara, porque empecé a lamerle inmediatamente, pero lo hizo. Eso me gustó más. Y a ella, que no se contuvo, y empezó a gemir en alto, sin importarle la compañía. Me fue pasando de una teta a la otra cada vez con más ímpetu, como una animal, parecía en celo. Creo que lo estaba. (- Vale, valeeeeee, gritó María, que lo vas a matar).

Estoy muy puta, pero muy puta, me susurró al oído Patricia antes de retirarse.

La siguiente tirada la ganó Patricia y perdió Cristina

¡Por fin! Gritó Cristina al ver el resultado, y se puso la mano en la boca, dándose cuenta de lo que acababa de decir. Reímos todos.

Ya que estás tan caliente, empezó a hablar Patricia, te clavarás su polla y permanecerás sin moverte 10 segundos.

UFFFFF, suspiramos todos. Yo creo que todos tuvimos una contracción en nuestros sexos al oír la orden.

Qué bien, así veremos su polla, dijo la sonriente Victoria.

Por mi parte dicho y hecho, me levanté. Me bajé los pantalones y dejé al descubierto la tienda de campaña que formaban mis calzoncillos (-GUUUAAAAU, gritaron todas). Me bajé los calzoncillos también de golpe (- OLEEEEEE, gritó una), todas exclamaron y me aplaudieron.

Vaya tranca calzas, chavalote, dijo Patricia moviendo la mano. No era verdad, era normal, pero estaba tan cachondo que la tenía como nunca.

Sí, y durante 10 segundos es sólo mía, dijo Cristina levantándose y viniendo hacia mí decidida. Aún de pie, se quitó el tanga (- Guaarraaaa!!! Le gritó María), y lo tiró hacia el techo rememorando aquel viejo chiste, que contaré en otro momento. A diferencia del chiste, y pese a que el tanga estaba visiblemente empapado, no se pegó al techo.

Sin decir más, se sentó sobre mí, sin metérsela, y colocó las piernas. Yo notaba su sexo abierto y lubricado, me abrazaba la polla con sus labios vaginales en esa postura. Me ponía a mil, deseaba introducirle mi varita. (- ¡Cristina, Cristina, Cristina!, gritaban todas, dando palmadas)

Una vez a gusto, se incorporó sobre sí misma, me cogió la polla con la mano por la base, y se la metió de golpe (- UUUUUGHHH!, gritó, y al mismo tiempo las demás: ¡BIEEEENNN! y aplaudían). Yo noté una electricidad que recorrió mi glande hasta la base de la polla en ese segundo que duró la introducción, y que luego continuó directamente hasta mi cerebro (AAAAhhh!, no pude dejar de exclamar). Se quedó ahí parada, obediente, gemía sólo para mí, en mi oído (- Uno!, dos!, tres!, contaban las otras tres). Notaba su coño contraerse en mi polla (¿lo haría a propósito la zorra?) y mi verga palpitaba y palpitaba pidiéndole movimiento a sus caderas. Pasados los 10 segundos se retiró cumplidora, dejándome la polla lubricada de sus jugos.

Volvió a su asiento mientras chocaba las palmas a sus compañeras. El alcohol no había dejado de correr en toda la noche y ya estábamos totalmente idos.

¿Qué os parece si jugamos a otra cosa más… "arriesgada" chicas??, dijo como siempre Patri, la que siempre tomaba la iniciativa.

Eh eh, que yo también quiero jugar, protesté.

Sí, sí, si tú eres parte del juego chavalote, respondió (-Bien, bien, pensé)

Venga, explica la nueva chorrada, dijo Victoria, nuevamente criticando a Patricia.

Empezó diciendo que yo me había portado muy bien, pero que no podían seguir haciéndome sufrir tanto. Propuso que me la mamaran cada una durante 30 segundos, al término de los cuáles otra continuaría chupando. A la que le tocara la eyaculación, tendría que joderse y tragarse todo.

¡YO PASO!, gritó María, que tú seas una puta no quiere decir que las demás los seamos. No se lo hago a mi marido, se lo voy a hacer a éste.

No es para tanto, a mí me gusta el semen, está rico, dijo Patricia

Eres una rajada María, defendió Cristina, - Mira, yo tampoco lo he hecho nunca pero bueno, es un juego tía, y lo voy a hacer, y si me toca, pues me jodo.

Y yo, dijo Victoria. – Tampoco se lo hecho nunca a mi novio, ¡y ni siquiera me gusta tocar el semen!, pero tía, no soy una aguafiestas como tú, dijo esta vez recriminándole a María.

Sois unas putas. Lo haré, pero os juro que os parto la cara si mi Luis se entera de esto, concluyó María

¡Venga pues!, ¡arriba chavalote!, me dijo Patri.

- Pero bueno… , pensé. Nadie me había preguntado si yo quería jugar a esto… Y me levanté.

¡Empiezo yo misma!, dijo Patri

No, no, que al principio no se va a correr. Lo echamos a suertes, dijo María.

Empezó Cristina a chupármela. Era la más gordita de las cuatro y la que más cara de chupapollas tenía. Llevaba los labios de un rojo intenso. Al notar su boca deslizándose hasta la base noté una electricidad y creí que me correría con ella. Pensé en otra cosa para que durara. Movía la mano y se desplazaba despacio mojándome todo. Lo hacía despacio y muy bien. Le pasó mi polla a Patricia que rápidamente se la metió hasta el fondo (- Esta sí que tiene hambre, pensé). Me la comió como una actriz porno, gesticulando un montón, y moviendo muchísimo la cabeza. Tuve que concentrarme en no correrme porque lo hacía de puta madre.

Después vino Victoria, la protestona, parecía inexperta, aunque la palabra para describir su mamada fue "dulce". Me dio un placer especial difícil de explicar por lo despacio y suave que lo hacía, y me dejó un buen sabor de boca. Después vino María, que me la mamó rítmicamente moviendo la cabeza rápido arriba y hacia abajo acompañándose de la mano. Era monótono, parecía que me estaba ordeñando, pero con su boca comprendí que no tardaría mucho en correrme.

Después de 2 rondas aguantando, elegí a Patri mentalmente como la mejor mamadora, lo cual confirmaba mi teoría de que la que tenía una apariencia más puta, era la más puta. Decidí que sería su boca el receptáculo de mi semen.

Y así llegó la boca de Patri, que empezó con sus movimientos mamatorios de actriz porno. Se movía como una zorra (- AAAAhh, no podía reprimir mis gritos). A los 5 segundos, ella notó como me venía. E hizo algo sorprendente. Empezó reduciendo las mamadas y la presión succionadora. Más y más despacio (- Dioooos, ¡me mata!), ella no quería que me corriera (- ¡Y yo quería!). Faltaban sólo 5 segundos para pasar mi polla y empezó nuevamente la mamada como antes (- ¡La muy zorra me está preparando para la siguiente!).

- ¡Me voy a correeer!, grité

- Aquí tienes, le dijo Patri a Victoria con una sonrisa en la cara, una vez pasado el tiempo.

Victoria se la metió en la boca, y empezó chupando despacio, intentando aguantar mi corrida. No pudo hacer nada porque Patricia me había dejado en un camino sin retorno. Exploté en su interior. Las otras supieron estaba eyaculando, no sólo por mi grito atronador, sino por los ojos de Victoria que se tornaron en blanco al notar el primer chorro agrio (- Bieeeeeen, aplaudieron todas, - JAJAAJA, Patri se descojonaba). A Victoria le dio una arcada, pero continuó con la boca quieta, recibiendo mi segundo chorro. Con este, se fue un poco hacia fuera, y tuve que agarrarle la cabeza (- No te escapas perra, pensé). Cristina también me ayudó (- Hasta el final, hasta el final, le decía como una madre que le dice a su hijo que se acabe toda la cena).

Acabé rendido y me senté nuevamente en el suelo.

¡Buag! ¡qué asco! Dijo Victoria tragando el semen que conservaba en la boca

¡Venga ya!, le dijo Patri, pasándole la lengua por la comisura de los labios.

¿Pero estás loca tíaaaaa????

Calma, calma, gritó María. –Venga Victoria tranquilízate, ¿a que también te lo has pasado bien? Todas lo hemos hecho, así que ya está. El mal sabor se va en seguida.

Bien chicas, dije yo (hacía mucho que yo no decía nada). – Ahora me toca a mí decir el juego.

¡Coño! ¡Si sabe hablar!, dijo Cristina sonriendo

Bien chicas, continué. – A estas alturas tendréis vuestros coñitos palpitando y las rajitas empapadas.

Un poquito bastante, dijo María

Yo lo que quiero es follar con alguien YA, dijo Patri.

Tranqui, tranqui, dije.

Propuse lo siguiente: jugarían a los chinos, la que ganara de las cuatro recibiría una comida de coño por mi parte. Yo me acostaría y me dejaría follar la boca (Vi a alguna estremecerse cuando dije esto). Las otras tres se masturbarían viendo la escena.

Yo no sé jugar a los chinos, dijo Cristina

Yo tampoco, - Ni yo, - Ni yo, dijeron las otras tú

Pues da igual, a la tirada más alta, ¡a tomar por culo!, dije

Cogieron los dados y sin tanta tontería se resolvió el asunto. ¡Ganó Patri!, que dio un salto de alegría como nunca, poniendo una cara de desencajada de la hostia (-¡Coño qué suerteeee! ¡AAAAh, qué ganas de frotarme con tu boca CABRÓN!). Me asusté un poco, estaba salidísima. Se incorporó de un salto, se quitó el tanga corriendo, y avanzó hacia mí como una leona. Casi se cae por el camino. Al llegar junto a mí, se abalanzó y me tumbó en el suelo. Sin mediar palabra, se arrodilló en mi cara y me posó toda su mojada raja en mi boca. Se escuchó un "chof" en el movimiento. (--AAAH, AAAAH, gemía) y se movía a lo bestia, hacia delante y hacia atrás encima de mi boca. Apenas podía mover la lengua, de lo que me aplastaba la tía, de hecho apenas podía respirar. Yo movía la lengua muy, muy poquito, y ella se frotaba.

Debajo, soportaba que se me follara, mientras escuchaba los gemidos de las otras, que se estaban masturbando. Diferenciaba 4 gemidos diferentes; escuchar a cada una su "gritillo" particular me produjo cierta gracia.

Mi usadora no me dejó desconcentrarme mucho, porque rápidamente me cogió la cabeza por la nuca y me levantó, con lo que mi sensación de opresión contra su chocho aumentó aún más. Me estaba comiendo todo su sexo y tenía la cara empapada. (-Así, asiiiiií, lame cabrón, ¡lame!). Y lamí y lamí lo que pude, concentrándome en su clítoris por donde pasaba la lengua todo lo que me permitía la opresión a la que estaba sometido (- Me voy a correr ya, ¡me corro en tu cara cabrón! AAAAH). Y noté por sus movimientos compulsivos como se corría con un orgasmo infinito.

¿Todas satisfechas? Dije al quedar libre

Uf, ha sido el mejor dedo de mi vida, dijo Cristina. – Menuda escena nos habéis dado.

Esto último me la había puesto nuevamente morcillona. Ellas lo notaron en seguida.

Tío, estás otra vez "empalmao", dijo María

Sí es verdad, no podemos dejarte así… dijo Victoria bromista.

¡Pues lo tenemos fácil! Dijo Patri nuevamente. -¡Nos lo follamos!

Y mi polla lo oyó pues aumentó el ángulo de inclinación, como si una palanca en el techo fuera tirando del glande hacia arriba.

Joder tías, yo creo que ya es demasiado, dijo Cristina. -Ana se va a enfadar la leche.

Tú eres tonta, ¿no pava? ¿Tú crees que con lo que hemos hecho no se va a enfadar ya?, le dijo María, haciendo reflexionar a Cristina.

Después de todo lo que ha hecho Isma para que lo pasemos bien, lo menos que podemos hacer es eso: si quiere follar, joder, ¡dejémonos follar!, confirmó Patri.

Venga, sacad el condón, dije yo. No quería que se lo pensaran demasiado, quería aprovechar mi oportunidad de tirarme a alguna. Estaba caliente, y ellas también, no iba a dejar que se enfriaran.

Ninguna tenía preservativos (- ¡Mierda!).

Mira tía, dijo Cristina por fin pensando y mirando a María, - ¿tú estás preñada no? Pues puede follarte a ti, y correrse sin problemas en tu coño. Y tú Victoria tomas la píldora, nos lo dijiste el otro día…

Ya pero yo paso, dijo Victoria. Ya estoy harta de quedar como una tonta esta noche. Se me ha corrido en la boca, paso de que se me corra también dentro.

Es verdad María, dijo Patri. – Tienes que ser tú.

¡Sí hombre! ¡Yo estoy casada pavas!, protestó María, - qué morro, pedirle a una amiga que se deje follar así sin más, ¡como vosotras no ponéis el coño…! ¡No te jode!

Buah, yo lo pondría sin problemas, le recriminó Patri.

Con esta conversación mi polla concluía su "puesta a punto". Ya estaba como una roca de nuevo y sólo quería descargar. Me daba igual con cual.

Mirad chicas, dije, - estoy tan salido, que con 5 minutitos ya me vale… Si queréis además, puedo correrme fuera.

No, eso es peligroso para las que se pueden quedar embarazadas, dijo Victoria. – Lo ideal es que María deje de ser la egoísta que es siempre y se deje.

Eso, dijeron las otras dos

¡Está bien, zorras!, callad ya, dijo por fin María. – Jamás pensé que estar embarazada me costara que se me follen. Me debéis una.

Se tumbó en el suelo con cara de mala hostia. Se subió la falda y se deslizó el tanga que aún llevaba puesto, quedándole en los tobillos.

Venga, vaaaaaa, me dijo entonces María, metiéndome prisa

No le hice esperar, fui hacia ella con rapidez (- Dale bien fuerte, me susurró Patricia). Me tumbé encima de ella y retiré el tanga para poderme poner en medio de sus piernas. Disfruté la sensación de tenerla entregada. La miraba, deseoso, me ponía a mil pensar que estaba embarazada y que yo me la iba a tirar. En esos instantes me movían sólo mis instintos, no me acordaba de mi prometida, ¡quería follarme a esta guarra!

Lo estás disfrutando eh, me dijo María mientras yo le abría las piernas. – Menuda cara estás poniendo cabrón.

Sí, te tengo ganas, le dije. – Vas a saber lo que es que te follen con ganas.

Se la metí de golpe, hasta los cojones, provocando que gritara como una perra y a la vez los gritos de ánimo de sus compañeras, que animaban enloquecidas (- ¡ISMA, ISMA, ISMA!). Sus gritos me animaban y hacían que mi mete-saca fuera rápido y fuerte. Mis embestidas hacían que el cuerpo de María subiera hacia arriba y hacia abajo en el suelo. (- AAAAH, OOOH, gemíamos los dos).

¿Te gusta zorra? Le susurré al oído

¿Follas así a tu Anita??? ¿Esto es todo??

No, puta, me la follo ¡ASÍ! UMMM. Y empujé tan fuerte que le puse los ojos en órbita.

Ahhhh!, siiiií, eso está mejor, chilló provocando el aplauso de las chicas.

(-¡Que se corra! ¡Que se corra!, coreaban ahora todas). Notaba que la leche me subía ya y que pronto explotaría en su interior. La cogí del culo, levantándola ligeramente, con lo que hacía la penetración más profunda. El placer era intenso. (-Uf, ¡cómo me follas, cabrón!, y seguía gimiendo).

Uf, no aguanto más, ¡me voy a correr enseguida!

¡Córrete cabrón! ¡Lo estás deseando! Me gritó.

Que me llamara cabrón me excitaba al máximo. Me la follaba con ganas, como un perro en celo. El alcohol y las chicas animando al lado me habían vuelto loco, parecía un demonio. La sacaba y metía por completo a cada embestida. Hasta que por fin (- UUUUUGGGGGRRRR, gruñí) y descargué en su interior lo más dentro que pude una gran cantidad de leche calentita. Ella también gimoteaba, no se había corrido, pero había disfrutado como una loca.

Todas aplaudieron al oír mi tremendo orgasmo. Después se la saqué y me incorporé.

Menudo polvo te ha echado el colega, le dijo Victoria a María.

Uffff, me lo ha dejado a rebosar, el cabrón se ha corrido como un caballo, dijo aguantando con la mano la salida de mi semen. - Voy al baño…

Me has dado una envidia, dijo Patri mordiéndose el labio.

Bueno, ¡pues ya está! ¿Salimos?, puso fin Cristina.

Nada más salir por la puerta de la casa, vinieron los primeros remordimientos a mi conciencia, supongo que coincidiendo con que el alcohol se iba diluyendo en mi sangre. Tomé una copa con ellas. En el bar ya no me hacían mucho caso (Se ve que ya no necesitaban nada más de mí…), así que decidí irme pronto para casa.

Al llegar y ver a Ana en la cama dormidita, no pude reprimir unas lágrimas (- Soy un cabrón, joder, soy un puto cabrón). Se me vino el mundo encima. La quería muchísimo y no me podía creer lo que había pasado.

Cariño, ¿ya estás aquí? ¿lo has pasado bien?, me susurró Ana, cuando notó que la abrazaba.

Eeeeeh, sí, contesté.

¿No te han tratado bien mis amigas?, me volvió a preguntar

Sí, sí, respondí, - muy bien.

Son majas, pero… un poco putas ¿verdad?, me dijo

Pueeeees no sé porqué lo dices… le respondí yo.

Venga, durmámonos, concluyó ella.

Jamás le conté nada a Ana, y jamás comenté nada con ninguna de sus amigas, a las cuales traté y me trataron como si nada hubiera pasado esa noche. Ana y yo nos casamos y somos felices desde entonces.

¿Si me arrepiento? Amo a Ana, y ésta fue la última y mi única aventura. Es un recuerdo que guardo sólo para mí, y que rememoro sólo a veces en mis sueños, y en mis mejores pajas.

TodoRelatos.com© TaqPol30
(taqpol30@hotmail.com)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

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