Video Relato

Me drogaron por la cola

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Como les dije, tengo 22 años. Vivo con mis padres en Buenos Aires, en los alrededores de la capital.

A pesar de ser hija única ellos desde chica me permitieron salir con amigos y volver tarde. La verdad es que no me podía considerar sobreprotegida para nada.

Con mi sexualidad nunca tuve traumas, dejé de ser virgen a los 16 en brazos de un novio tan inexperimentado como yo pero lleno de leche. El encuentro fue de lo más planeado y me calentó muchísimo.

Siempre viví mi sexualidad con responsabilidad hasta que empecé a conocer a la gente equivocada.

Conocí a Esteban a los 20, él tenía 37 y era compañero de trabajo en un local de comidas en el que yo trabajaba. Las bromas iban y venían. Aunque yo sabía que él era casado, lo histeriqueaba. Se armó un grupo divertido en el trabajo, éramos 7 u 8 que salíamos de trabajar y nos íbamos a tomar algo por ahí. Alguna vez nos quedamos unos pocos fumándonos un porro en la plaza a la noche. Entre esos pocos estaba Esteban. Y una noche me lo cogí. Se dio todo de una forma natural, divertida, y me llevó a un hotel. La verdad es que después de coger me di cuenta de que los chicos con los que lo había hecho no tenían nada de experiencia, ya que Esteban me enseñó un par de cosas. Como el sexo anal, del que yo no sabía placentero. Mi cola me da un poco de vergüenza y la trato de esconder. Yo la veo un poquito grande aunque se que en la calle me la miran y le gritan cosas. Cuando esa noche me bajé los pantalones Esteban se quedó embobado mirándomelo. A mi me da vergüenza que sea tan redondita.

Esa noche me lleno de besos en culo que agradecí. Y agradecí su resistencia en el coito porque cuando mis anteriores amantes me ponían en perrito no aguantaban nada y me llenaban enseguida. Él no. Me cogió muy largo. Pero para acabar eligió mi cola, que lubricó con el gel de los preservativos. A mi me sorprendió cada caricia que me hacía ahí y lo disfruté todo. Incluso cuando se vino me sorprendió un orgasmo que me dejó medio boba.

Comenzamos a vernos seguido y él lograba escaparse de su casa para ir a divertirnos por ahí. Parábamos en bares hasta tarde y terminábamos dándonos con todo en un hotel. Hasta que me llevó a ese hotel extraño.

Un sábado nos encontramos y me dijo que íbamos a ir a una fiesta de unos amigos de él en un lugar que habían alquilado para la ocasión. Yo acepté ya que me divertía siempre en su compañía. Llegamos y era un lugar que no tenía carteles ni ventanas en el frente. Solo una puerta de negra enchapada. Tocamos un timbre desvencijado y esperamos. Nos atendió un hombre alto, muy flaco y maquillado, lo que me hizo pensar que quizás era gay. Caminamos por un pasillo al aire libre, casi a oscuras y llegamos a una puerta que daba a una casa casi en el corazón de la manzana, donde se oía música muy fuerte.

Cuando entramos me sorprendió el tamaño del lugar, ya que desde afuera parecía ser un almacén normal. Había mucha gente y nos deslizamos entre ellos hasta que Esteban encontró a sus amigos. Se vé que ellos habían llegado hace bastante porque estaban muy bebidos, pero alegres. Esteban me presentó y todos me saludaron enseguida. La fiesta era total, todos bailaban y parecían conocerse.

Hasta que en momento la música se detuvo y un reflector iluminó un pequeño escenario en un costado. Todos nos fuimos hacia allí. Se escuchó un a música oriental y salió el flaco alto que nos había abierto la puerta. Estaba vestido solo con una tanga roja que le marcaba un bulto grande. Yo me sorprendí y comencé a reirme de la imagen. El alto no se reía solo nos miraba fijo. Parecía una especie de performance teatral under. De pronto aparece un personaje por la derecha vestido de enfermero y empujando un camilla. Sobre la camilla parecía haber un cuerpo tapado por una sabana.

El alto empezó a bailar ridículamente y todos comenzaron a aplaudir. Yo también, mientras notaba que Esteban se ponía detrás mío frotándose un poco contra mi cola. El bailarín sacó la sabana de golpe y apareció una mujer casi desnuda en la camilla. Tenía la piel blanca, el cabello negro, ensortijado. Estaba acostada boca abajo y tenía los brazos atados a los costados con una cinta de cuero, estaba amordazada con un pañuelo naranja. Sus piernas estaban extendidas y sus pies atados a la altura de los tobillos, atados a su vez al extremo de la camilla. Ella no podía incorporarse porque tres cintas de cuero de 5 centímetros pasaban de un lado a otro de la camilla. Una a la altura de los omóplatos, otra en la cintura, justo arriba de la cola y otra detrás de las rodillas. Sus ojos parecían desorbitados. Estaba, por lo menos, drogada. Y su cola estaba cubierta por una toalla blanca.

El flaco alto comenzó a bailarle alrededor como en una especie de ritual. Ella cada tanto se movía pero sus ataduras no le permitían hacer gran cosa. Yo me inquieté pero Esteban me dijo que me quede tranquila que era un show que él ya había visto en una fiesta parecida. Lo que dijo me tranquilizó y seguí mirando.

En momento el bailarín se detuvo y en un movimiento le sacó la toalla que le cubría la cola, a lo que todos gritaron alborotadamente. De un salto se trepó a la camilla acomodándose encima de la chica, que trataba de girar su cabeza hacia atrás para ver los movimientos del hombre. El hombre empezó a manosearle su cola, cuyo perfil semicircular hacía calentar a todos los hombres presentes.

El hombre se sacó su slip de un tirón, parecía que tenía abrojo o algo así. Y se le vio el pene. Era un pene largo, no muy grueso pero con un glande importante en tamaño. Yo me sobresalté por la visión y observé que algunas parejas alrededor comenzaban a desvestirse apasionadamente mientras se besaban.

El hombre se untó las manos en un frasco de aceite que había en la camilla y se lo pasó por el miembro, luego se untó de nuevo y las paso por el ano de la chico, que se movía inquieta en la camilla tratando de zafarse.

La pija del hombre empezó a pararse y adquirió un volumen importante. Enfiló hacia el orificio anal de la chica, se agarró de la cintura y se la metió violentamente. La chica se desencajo en movimientos para evitar la penetración pero no hubo caso, estaba atada fuertemente. El hombre empezó a moverse endiabladamente mientras el resto de la gente se terminaba de desvestir, se agrupaba en grupos y se abalanzaban unos sobre otros.

Yo me quise escapar, sobresaltada por una situación así, que me incomodaba pero Esteban me detuvo y me dijo que me quede tranquila, que estaba todo bien. Yo le dije que no quería quedarme, que prefería irme. El busco con la mirada a sus amigos y les hizo un gesto para que se acerquen. Ellos trataron de convencerme amablemente, diciéndome que no tenía de qué preocuparme. Yo no quería saber nada con estar en ese lugar y enfilé hacia la puerta para irme sola. La puerta estaba del otro lado del salón y debía atravesar un mar de gente para salir. Esteban me alcanzó y me dijo que me acompañaba por una salida de emergencia que había, y que me dejaría más cerca de la salida a la calle.

Pasamos por una puerta y entramos a una especie de living muy moderno en decoración, con sillones de formas extrañas. Detrás nuestro entraron sus amigos, que yo no ví venir. Ellos eran 3. Esteban me abrazó y me dijo que me quede, que no lo deje solo. Me sentí ofendida por el lugar al que me había llevado así que me aflojé un poco. Y sentí que sus amigos me tomaban de atrás.

Yo les decía que paren, que no me gustaba lo que me estaban haciendo. Esteban se quedó mirando cómo me sujetaban entre los tres y me acostaban en un sillón. Esteban se acercó y me subió la falda que tenía, dejando al descubierto mi culo. Los demás se alborotaron y me lo empezaron a manosear lascivamente. Cuando me bajaron la bombacha, me taparon la boca con un pañuelo. Vi que uno de los chicos se acercó a un escritorio y sacó un paquetito de un cajón. Lo abrió y lo que yo veía era una especie de jeringa un poco más grande que las normales pero con una punta plástica sin aguja, que era fina en la punta y se agrandaba hacia abajo. Se rió un poco y se acercó, yo me inquieté y trataba de zafarme por todos los medios. Me dijo que con eso me iba a relajar, para disfrutar. Todos miraban mi cola. Yo me asusté, recordando los comentarios que solía recibir por la forma de mi cola y su tamaño. Sentí que me temblaban las nalgas hasta que Esteban las sujetó y las abrió hacia los costados. El de la jeringa la enfiló hacia mi culo y lentamente me introdujo mientras me decía que era una droga para relajarme y desinhibirme. Yo me movía pero ello eran cuatro y me sujetaban fuerte. El líquido que comencé a sentir dentro parecía semiespeso. El que me lo metía me decía que además de hacerme hacer cosas me lubricaba. Cuando terminó de meterme todo el líquido yo me sentía borracha. Me soltaron y traté de incorporarme pero todo me daba vueltas y caí en el sillón nuevamente. Se me cerraron los ojos. Oí que se reían. No sé cuanto tiempo estuve así, a oscuras.

Pero me despertó la presión un nudo en mis tobillos. Me asusté traté de incorporarme y no podía. Rápidamente me taparon con una sabana. Y entendí todo. Me dí cuenta que estaba desnuda y amordazada. Veía las cintas de cuero que cruzaban mi espalda y sentía las demás en la cintura y las rodillas. Oí la música y recordé la escena que había visto hace ¿un rato?. Era así, ahora no era el alto flaco que bailaba sino un negro desencajado, con panza y taparrabos. Pasé por todo el ritual, la cabeza me daba vueltas. Sentí cuando el negro saltó encima de la camilla y sentí cuando empujo su pijota en mi cola, pero me sacó la mordaza y me sorprendí al no poder evitar gemir de satisfacción, el negro se movía suavemente hacia mi interior, ayudado por la lubricación de la droga anal. Sin duda la droga permitía que yo disfrute y no me altere. La verdad es que la estaba pasando brutal con una poronga clavada en mi recto, ante la mirada de muchas personas entre las que reconocí a Esteban, sonriendo.

El negro me estaba haciendo ver las estrellas con sus movimientos, yo quería moverme para acomodarme y disfrutar pero no podía. Él lo entendió y comenzó a desatarme. Cuando terminó me puse en cuatro apoyando la cabeza en la camilla y ofreciéndole la cola a esa bestia negra. Nunca me calentó tanto un polvo, delante de otros, estaba sacada. En alguna parte estaban filmando y lo proyectaban en una pantalla gigante. Y yo veía como mis nalgas se movían por las embestidas del negro. No aguanté más y le grite que acababa. Acabamos juntos y me llenó. El se separó de mi cuerpo, yo me quedé rendida, boca abajo. Noté que unas manos me giraban, dejando mis pies en el piso y mi torso sobre la camilla, miré y era Esteban sin pantalones. Hizo que me agarre en los caños del costado de la camilla y me penetró. Para mi fue delicioso como me cogió. Pero esta vez, entusiasmado por todo lo que vió, no se aguantó nada y me enlechó enseguida, dejando su lugar… a otro. Un desconocido tomó el lugar de Esteban y se metió en mi concha. Primero quise separarme pero me di cuenta de lo absurdo que era luego de gozar como una perra delante de todos ,y lo dejé. Su miembro era grande y como borracha le susurré unas palabras que él no entendió, se acerco para oírme mejor y le dije nuevamente:" …por la cola…por la cola". El desconocido salió, primero me metió su pulgar, entero, lo sacó y me la metió de un golpe. Yo casi llorando le decía " hijo de puta, me estás cogiendo la cola…". No tardó casi nada en llenarme. Y yo no había acabado. Salió de mi y se perdió entre la gente que bailaba y se cogía. No pasaron más de 5 segundo cuando sentí otras manos que me agarraban de la cintura, miré y era otro desconocido que me la quería meter, desnudo. En esta ocasión me incorporé solo un poco, y le dije para que me escuche, con el aliento entrecortado:"…tengo que acabar… no me dejes sin acabar…" . Violentamente me empujo sobre la camilla y mientras yo me agarraba fuerte el entró en mi, al instante sentí que me venía y me comenzaron a temblar los muslos, yo me desvanecía sobre la camilla, y me llegó un polvo que no paraba, me agarraba la cabeza y lloraba. Hasta que me desvanecí.

Me desperté en la cama de Esteban, parecía que me había bañado. El estaba sentado en una silla al lado de la cama, no dejaba de sonreír mientras tomaba su café. Y le sonreí.

1 comentarios:

jonathan perez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

Todo asombroso